El cigarro electrónico es una alternativa, mucho menos dañina, al consumo de productos derivados del tabaco. Sus cartuchos no contienen sustancias derivadas del mismo. El líquido contenido en ellos, es una mezcla de glicerina y propilenglicol, que puede o no tener nicotina, y algún tipo de saborizante. De tener nicotina, lo es en un porcentaje muy bajo; que va del 0.5% al 4%, en la mayoría de los casos.
Aún cuando la nicotina es una droga con un alto potencial de dependencia, no se ha identificado como un agente cancerígeno ni responsable de las EPOC. Así mismo, el propilenglicol y la glicerina, son consideradas inofensivas. El propilenglicol es usado para crear vapor en efectos especiales; así como en discotecas y hasta en los espectáculos de tipo teatral (se le confunde con el hielo seco). Por su parte, la glicerina se encuentra presente en todas las grasas naturales; y al consumirse, se metaboliza en ácido láctico.
El cigarro electrónico no crea combustión y, por lo tanto, no hace humo, ni malos olores, ni cenizas, ni colillas. Como consecuencia, podemos asegurar que es un producto ecológico y que respeta la salud de terceros. Además, sus baterías son recargables y reciclables (en la mayoria de los modelos disponibles en el mercado).
Aquellos que hacemos uso de un cigarro electrónico, no fumamos. Fumar es, por definición, aspirar humo de algún tipo. Los consumidores de este tipo de productos, hemos adoptado el nombre de vapeadores; y creemos que debemos ser llamados de esa forma para no ser confundidos con los fumadores.
La próxima vez que nos veas en un restaurante, un cine, una oficina, un hospital o cualquier otro lugar cerrado donde no se permite fumar, recuerda que los vapeadores —la mayoría, ex-fumadores— somos personas conscientes del mal que hace el humo del tabaco, tanto de primera como de segunda mano, y que hemos optado por una alternativa que no representa riesgo alguno para tu salud.
ACTUALIZACIÓN
9 de Marzo de 2010: Llevo sesenta y dos días sin fumar, lo que en promedio me ha ahorrado $930 pesos en tabaco no consumido. Esto es tanto como treinta y una cajetillas.