Sobre mi segunda cirugía en Omnilaser (o el porqué hay que abrir la boca)

Hoy les voy a platicar mi experiencia sobre la cirugía del ojo izquierdo; y la razón por la cual es recomendable abrir la boca, cuando haya que abrirla.

Habremos llegado a las 11:50 a.m., del pasado jueves 28 de Enero, a las instalaciones de Omnilaser. Aún cuando la Dra. Yuriria Ortiz me brindó su atención de forma casi inmediata —retrasada exclusivamente por la cantidad de gente que estaba siendo intervenida quirúrgicamente— no salimos de ahí hasta pasadas las 4:00 p.m. Y es que… no todo fue como miel sobre hojuelas.

Lamentablemente, el retraso en mi cirugía se debió a que intervino la clínica —posiblemente, la gerencia de ventas—. Esperaban que pagaramos poco más de $1,700 pesos de concepto de sedación intravenosa, para darme la entrada al quirófano. Desde ese momento comencé a molestarme muy seriamente, ya que nos apartaron como apestados, dando prioridad a los demás pacientes porque les hicimos saber que no teníamos el dinero, y tampoco teníamos porque pagarlo.

Casi al cuarto para las dos de la tarde, llegó la persona que en un principio nos presupuestó cuando fuimos a las oficinas de Calz. del Hueso. Y aunque mi madre inició la conversación, tuve que intervenir. Le hice saber, de forma clara y tajante, que sólo me interesaba una cosa: saber cual iba a ser la decisión de la clínica Omnilaser, para yo proceder en concordancia. Esto era, que la clínica se hiciera cargo de todo el proceso, de forma gratuita, como hasta entonces; o que se negará a cubrir los gastos relacionados para corregir el error de uno de sus médicos. Le hice saber que si seguía siendo paciente de Omnilaser, era por un gesto de buena voluntad hacia la Dra. Yuriria Ortiz; y no porque me importara la clínica en sí misma. Ella había demostrado preocupación e interés, pero eso no dejaba de lado que cualquier acto de negligencia, ya sea por omisión o doloso, seguía siendo un acto de negligencia del cual debía hacerse responsable Omnilaser.

De inmediato intento defender a su patrón, argumentando que no se había cometido negligencia; pero ni siquiera lo dejé terminar… le dije que no sería él quien decidiera si había o no negligencia, sino un juez; y que, por la experiencia que viví, fácilmente podía determinarse negligencia médica no sólo en mi caso sino en los de muchos otros pacientes que eran ingresados al quirófano sin estar sedados. Por fortuna, ese día ingresamos dos personas al mismo procedimiento: mi hermana y yo. Y aunque a ella le pudo haber hecho efecto, a mi no. De la ingesta del medicamento al momento en que se me estaban operando, habían pasado no más de 10 minutos; además de que no tomaron en cuenta que diariamente consumo dos medicamentos ampliamente conocidos por sus propiedades estimulantes: fluoxetina y metilfenidato. En una cita posterior, la misma Dra. Ortiz me preguntó que porqué no les había pedido que me sedaran; a lo que en su momento respondí que uno se pone en manos de gente que hizo esa carrera, como para estarles dando sugerencias sobre la misma.

Al ver que no estaba tratando con un par de personas ignorantes —y como un cachorrito con la cola entre las patas—, se fue a ver a su jefe, a contarle lo sucedido. No pasaron ni diez minutos cuando ya teníamos al administrador de la clínica excusándose por la demora y asegurando que no tendríamos que pagar absolutamente nada, ni siquieras las consultas subsecuentes; y menos de cinco minutos después, ya estaba en el área de cirugías. ¿No que no tronabas, pistolita? ¡Y no te arrugues, cuero viejo, que te quiero pa’tambor! :lol:

Lo que vino después, fue completamente distinto a lo que pasó en mi primera cirugía. Fácilmente esperé media hora, sentado cómodamente en un sillón reposet, alimentado con suero por intravenosa; antes de que se me administrara el tranquilizante. Cuando ya estaba bien aturdido, me pasaron en silla de ruedas al quirófano, en donde fuí tratado con tranquilidad y amabilidad por las enfermeras, el médico que me inyectó el tranquilizante y la misma Dra. Ortiz. La cirugía no inició hasta que mi ritmo cardiaco se niveló (y es que aún sedado, se me aceleró el pulso tan sólo al tocar la mesa de operaciones). En esta ocasión me sentí cómodo y confiado en el buen resultado de la cirugía, a pesar de lo sucedido casi una hora antes. La cirugía LASEK, aunque aparenta ser muy salvaje, me pareció más cómodo y menos traumatizante. ¡Hasta un juguito de manzana me dieron! :)

Mis últimas palabras al respecto: varias clínicas oftalmológicas están realizando una serie de campañas publicitarias, para promover la cirugía LASIK. Ofrecen descuentos en las consultas, en la cirugía y hasta planes de financiamiento. Esto ha hecho posible que mucha más gente pueda acceder a estos servicios, lo cual, desde mi punto de vista es sensacional. Pero las clínicas también se enfrentan a un problema secundario, que se origina por el simple hecho de atender a más pacientes: el médico que realiza la operación, comienza a actuar como un autómata, y entonces deja de lado el ineludible hecho de que todos somos seres humanos y podemos cometer errores. Un médico, con una carga de trabajo superior a la que suele realizar, puede caer en un acto de negligencia, ya sea por omisión o de forma accidental. Este fenómeno se presenta contínuamente en hospitales públicos.

En mi experiencia, el asistir a una de estas clínicas bajo las condiciones que describo, puede llegar a ser más riesgoso que si no se involucrara esta práctica. El médico pone en riesgo de forma potencial la salud del paciente, su correcta rehabilitación y hasta la productividad del mismo, tan sólo para completar la cuota de atención diaria que requiere la clínica. Incluso, con pacientes menos tolerantes, podría afrontar una denuncia de carácter penal por el incorrecto ejercicio de su profesión; con las consecuencias que conocemos de sobra: suspensión o prohibición permanente del ejercicio de la profesión.

Yo espero que esto le sirva a alguien como referencia, no del trabajo de una clínica o un médico en particular. Ese no es el caso. Sino más bien, de los riesgos que se corren, de nuestros derechos como pacientes y seres humanos. Finalmente, es nuestra vista la que ponemos en sus manos, y en la mayoría de los casos, por puritita vanidad.

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  1. ¡solo te falta la piscina!

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      • José Luis Cruz
      • 3 Febrero 2010

      Ay, que simpática, eh… ¬_¬

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